Naturaleza de la contrarrevolución burocrática
El
socialismo irreal
Juan Carlos Venturini
Revista Alfaguara (Uruguay)
1- Introducción: ¿Qué queremos discutir?
El derrumbe de la URSS y de los estados burocráticos de Europa del Este,
sistemas a los que por una ironía de la historia se les denominó "socialismo
real", ha replanteado todos los problemas de la revolución y de la
transformación social.
Una primera consecuencia evidente de este derrumbe ha sido el fortalecimiento
de la burguesía mundial y su sistema de explotación. El capital puede exhibir a
los ojos de las más amplias masas del mundo, que ha sido la movilización popular
tras las reivindicaciones de la democracia, de las libertades políticas y de la
economía de mercado, la que ha terminado con estos regímenes, y no una invasión
o acción contrarrevolucionaria directa.
La vieja discusión y controversia sobre la naturaleza de la URSS se replantea
con fuerza y con nuevas urgencias. Para los trabajadores de todas las latitudes,
la comprobación de la naturaleza despótica y totalitaria del régimen instaurado
en la URSS, fue un poderoso factor de desmoralización y confusión durante
décadas. Esta constatación se trataba de mitigar con diversas teorías que, a la
postre, resultaron inconsistentes.
Una de ellas expresaba que ese carácter dictatorial era un mal necesario para
lograr la "construcción del socialismo" en un país tan atrasado como Rusia. Para
"alcanzar y superar" al capitalismo era necesaria, se decía, la coerción
política y la ausencia de libertades. Esta idea fue desarrollada no sólo por el
aparato internacional oficial del estalinismo representado por los partidos
comunistas subordinados a la orientación del Kremlin, sino por numerosos "amigos
de la URSS" que, al margen de diversos matices críticos, acompañaban la
experiencia de este "socialismo realmente existente". Esta concepción predicaba
que el desarrollo económico de la URSS llevaría tarde o temprano a la
democratización del régimen y, en consecuencia, que toda acción o movilización
política contra la aristocracia gobernante le hacía el juego objetivamente al
capitalismo.
Otra teoría mucho más sólida y fundamentada fue la elaborada por Trotsky y
defendida por muchos de sus continuadores. Trotsky hace una separación drástica
entre la base o estructura económica de la URSS a la que caracteriza como
socialista por tratarse de una economía estatizada y planificada, y la
superestructura política, en donde la clase obrera ha sido despojada del poder
político por una casta burocrática salida de su seno. Estos dos factores
coexistentes lo llevan a caracterizar a la URSS como un estado obrero
burocratizado o degenerado. La solución debía provenir de una nueva revolución
"política", no social, que restaurase la democracia de los soviets.
Aunque se situaban en las antípodas, estas dos visiones extremas y la
enorme variedad de posiciones intermedias, tenían en común el minusvalorar el
fenómeno contrarrevolucionario del estalinismo y en fabricar una ilusión
"optimista" de la evolución mundial. Con errores, con males necesarios, o
directamente con crímenes, se decía que el "socialismo" avanzaba en el mundo y
el capitalismo se replegaba.
El derrumbe de la URSS y de los estados burocráticos de Europa oriental ha
tirado por tierra todas estas ilusiones. Al factor de desmoralización que
significaba la asociación de la perspectiva socialista con el totalitarismo
estalinista, hoy se le suma la constatación de que su liquidación ha derivado en
un proceso de reinstauración capitalista y no en la regeneración del socialismo.
La discusión del destino de la revolución rusa es más importante que nunca
para reconstruir la perspectiva socialista y comunista.
La hipótesis de trabajo que trataremos de demostrar es que la derrota de
la revolución rusa empezó a perfilarse tempranamente ya a comienzos de la década
del 20. Las dificultades inauditas que enfrentó el gobierno de los soviets, por
la derrota de la revolución en Europa, empujaron y potenciaron toda una serie de
errores importantes en la dirección bolchevique que favorecieron la temprana
burocratización del régimen. Esta reacción burocrática se consolida
definitivamente a partir de 1928 en una verdadera contrarrevolución burocrática
que da lugar a una nueva formación social, alejada tanto del capitalismo como
del socialismo. Surge una nueva clase social dominante que explota a los
trabajadores a partir de su control del estado y del aparato productivo e
institucional.
La envergadura de esta contrarrevolución, desde el punto de vista de la clase
obrera, fue tal, que los trabajadores perdieron no sólo el poder, sino hasta los
más elementales derechos de asociación y de expresión. Como lo señalara
correctamente Trotsky, el régimen estalinista era comparable en ese sentido al
fascismo.
Más aún, no se trataba de una sociedad poscapitalista (con un mayor o menor
grado de deformaciones) como se dijo tantas veces. Una especie de estación de
ferrocarril no deseada, molesta, en el largo viaje hacia la tierra prometida del
socialismo. No. La URSS estalinista consolidada a partir de la contrarrevolución
de 1928, introdujo rasgos políticos y sociales regresivos, característicos de
antiguas formaciones precapitalistas. Se estableció una nueva clase social
dominante sobre la base del lugar ocupado en el aparato estatal totalitario. De
allí se derivaban extendidos privilegios, perfectamente establecidos y
reglamentados, y progresivamente incrementados a medida que se ascendía hasta la
cúspide de esta verdadera "nomenklatura". Podemos encontrar antecedentes de este
tipo de organización político - social en el viejo estado chino de las
dinastías, o en las antiguas teocracias comunitarias de regadío del imperio
incaico o del valle del Nilo.
La asociación de este monstruoso estado totalitario con la perspectiva
socialista y comunista ha sido la gran mentira del siglo XX. Mentira,
generosa e interesadamente alimentada por los dos grandes contendientes de la
"guerra fría": la burocracia estalinista y la burguesía mundial.
Para la burocracia, esta asociación entre su estado y la perspectiva
socialista era fundamental para la defensa de sus intereses. Al presentarse
a los ojos de los trabajadores como representante oficial del único "socialismo"
posible, como "patria socialista", como retaguardia segura de toda la lucha
anticapitalista, la burocracia estalinista lograba la justificación de sus
crímenes y atrocidades. Cualquier denuncia, cualquier lucha antiburocrática, era
presentada como "objetivamente" contrarrevolucionaria, porque "le hacía el
juego" al enemigo capitalista.
A su turno, los crímenes y atrocidades del capitalismo, eran disimulados y
justificados por la burguesía mundial, con el espantajo del comunismo
totalitario. La sociedad capitalista no es perfecta, se reconocía; hay hambre,
injusticia, explotación, marginación y corrupción, se llegaba a aceptar; pero en
cambio... hay libertad (!!!). Esta mágica palabra se hinchaba y edulcoraba a la
vista del totalitarismo estalinista, la persecución de los disidentes, los
sindicatos regimentados e integrados al estado, el partido único, etc. Con ella
se adormecía a todas las capas socialdemócratas de la clase obrera occidental
encuadradas detrás de la utopía de reformar al capitalismo. La conclusión que se
quería establecer era una sola: la revolución conduce a la dictadura
totalitaria, la reforma gradual en los marcos del estado burgués nos llevará
paulatinamente al socialismo o a la humanización del capital (las dos
perspectivas se entrelazaban y difuminaban entre sí en el plácido sueño
socialdemócrata).
Pero en lo que coincidían ambos contendientes, el imperialismo y la
burocracia, era en calificar al régimen de la URSS como socialismo o comunismo,
unos defendiéndolo, otros atacándolo. Esta maniquea e interesada división del
mundo entre un "socialismo" totalitario y un mundo "libre" pero capitalista,
dejaba sin chance a los trabajadores. Se trataba de una verdadera encerrona.
En su lucha contra la odiada burocracia, las poblaciones de Europa del este
primero, y de la URSS después, adoptaron un punto de vista liberal burgués. Con
ello confirmaron que no reconocían ningún rasgo "obrero", "socialista" o
"progresivo" en los estados burocráticos que las sojuzgaban. El viraje
naturalmente no había sido súbito. Desde las primeras movilizaciones
antiburocráticas de 1953 en Polonia y Berlín oriental se había recorrido un
largo camino. Quedaba atrás la gran revolución húngara de 1956 donde los
consejos obreros enarbolando banderas rojas reclamaban la vuelta a Lenín.
Quedaba atrás también la "primavera de Praga" de 1968 que pugnó por un
socialismo con rostro humano. El apoyo de Fidel Castro a la invasión de los
tanques rusos a Checoslovaquia no fue una experiencia menor para esa lucha. Para
muchos luchadores de Europa del este y de la URSS resultó una confirmación de
que una regeneración socialista era imposible.
Hasta que llegó el momento en que una parte sustancial de la burocracia
estalinista buscó en la restauración del capitalismo el camino para asegurar sus
privilegios. Y en ello fueron acompañados por la gente que vio en esos sectores
de la burocracia procapitalista la posibilidad de terminar con décadas de
opresión política y la promesa de una mejora de su situación social.
Se puede llegar a decir que el remedio fue peor que la enfermedad,
particularmente para Rusia, donde el "socialismo" burocrático fue suplantado por
un capitalismo mafioso y caótico. Pero lo importante es que no se salió de la
encerrona. La identificación de la perspectiva socialista con el totalitarismo
burocrático persistió. Sólo que ahora una vasta legión de ex-estalinistas en el
mundo se pasó con armas y bagajes a la defensa directa del capitalismo y del
orden burgués.
La reconstitución de una izquierda anticapitalista (redundancia ahora
necesaria) que luche por la transformación social sólo puede emprenderse a
partir de un debate y esclarecimiento sobre las experiencias revolucionarias de
este siglo que termina. Sobre sus errores, sus limitaciones y las causas de las
derrotas. El balance del mal llamado "socialismo real", que devino en el más
irreal de los socialismos, es una parte sustancial de este debate. Si lo
emprendemos a fondo estaremos discutiendo cual es el verdadero terreno en el que
es posible la transformación social. Lejos de aparecer como contradictorios,
el socialismo, el comunismo y la libertad se verificarán en su verdadera
fisonomía, como aspectos de un mismo proceso liberador contra la explotación y
todo tipo de opresión.
2 - Se hizo de la necesidad virtud (la
experiencia del gobierno bolchevique)
Rosa Luxemburgo, en noviembre de 1918, sintetizaba su crítica a la
orientación de los bolcheviques con la exhortación de "no hacer de la necesidad
virtud" (1) . Con ello la gran revolucionaria quería aludir a que, si por
circunstancias excepcionales los bolcheviques tenían que adoptar medidas
draconianas de represión o estatización de la economía, no debían realizar de
ello una teoría general de la transición al socialismo.
En dos sentidos fundamentales los bolcheviques cayeron en el error sobre
el que alertaba Rosa. Por un lado adoptando el "comunismo de guerra", no sólo
como un recurso excepcional, sino como un método general de avanzar al
socialismo, mediante la eliminación del mercado y la distribución estatal
generalizada. Por otro, desconociendo la democracia revolucionaria de los
soviets, con su pluralismo de tendencias y concepciones, adoptando lo que luego
sería la teoría del partido único, arrogándose para sí, para el Partido
Comunista (bolchevique) la exclusiva representación de la "vanguardia"
revolucionaria y por ello con potestades para ejercer una dictadura, no ya sobre
los remanentes de la burguesía, sino sobre el conjunto de la población, incluída
la clase obrera.
Víctor Serge (Memorias de un revolucionario) (2) nos recuerda que el
término "comunismo de guerra" fue acuñado recién en 1921 cuando se implanta la
NEP (Nueva Política Económica). Durante su ejecución efectiva (1918 - 1921) se
lo denominaba simplemente "comunismo". El comunismo de guerra fue un intento
extremadamente voluntarista de implantar una producción y distribución
totalmente estatizada de bienes en el cuadro de un país agrario atrasado.
Significó por lo tanto una agresión importante contra la mayoría de la población
campesina, lo que condujo a una sorda y muchas veces violenta resistencia a la
incautación de las cosechas agravando la escasez de comestibles a niveles
caóticos.
Detrás de este error vislumbramos una concepción cerradamente reduccionista
de la transformación social que los bolcheviques heredaron de la IIª
Internacional. De acuerdo a esta visión era necesario construir las "bases"
económicas socialistas (la gran industria) para poder edificar una
superestructura política socialista. Hasta llegar a ella era necesaria una
dictadura férrea del partido de vanguardia y la democracia socialista era
impensable. Tal como planteaba Rosa, los bolcheviques no vieron que la
democracia soviética asentada en el terreno de la alianza obrera y campesina (la
mayoría de la población) era sí la base política esencial para emprender el
largo camino de la transformación social. Sencillamente no es cierto que la
estructura económica determina la superestructura política como se ha repetido
tantas veces. Entre la base y la superestructura hay una interacción recíproca,
un condicionamiento mutuo. En un período de transformación social la
superestructura política, la organización democrática y consciente del poder
popular, puede llegar a ser determinante y decisiva en el curso del proceso
histórico, enfrentando, acotando o atenuando las limitaciones y
condicionamientos de una base económica estrecha o restrictiva.
Este error de intentar un proceso de estatización extrema de la economía,
condicionado por las enormes dificultades del aislamiento y la guerra civil,
condujo a un autoritarismo creciente del gobierno bolchevique frente a un
descontento y oposición también creciente de vastos sectores de la población
obrera y campesina. Los episodios represivos contra el movimiento Majnovista en
Ucrania y contra el soviet de Kronstad, entre otros, son un ejemplo dramático de
esta evolución. En 1920, en el trabajo de Trotsky Terrorismo y Comunismo
(3) se plasma esta concepción en el nivel de la teoría. Se fundamenta la
concepción del partido único y monolítico, como instrumento irremplazable de la
transformación social, llegándose a justificar la "sustitución" de la clase
obrera por el partido.
Cuando los bolcheviques dan el viraje obligado de la NEP en 1921 no realizan
un verdadero cambio de concepción. Conciben a la NEP como una "retirada",
similar a la que se realiza después de una derrota. Son conocidos los
planteos de Lenín en el sentido de que el restablecimiento del intercambio
mercantil generaría a cada minuto "capitalismo" en todos los poros de la
sociedad. La respuesta frente a este "peligro" de restauración capitalista
fue la de acentuar el curso autoritario del partido bolchevique con las
resoluciones del Xº Congreso (prohibición de tendencias y fracciones),
consolidando la idea del partido único y del partido monolítico.
Lenín, Trotsky y el conjunto de la dirección bolchevique, no vieron
(¿no pudieron ver?) que el peligro mayor para la revolución no era la hipotética
o posible restauración capitalista, sino el proceso real y concreto de
burocratización en curso, de la que ellos mismos formaban parte.
Creo que la idea de que la permanencia del intercambio mercantil y de la
pequeña propiedad privada de medios de producción y circulación genera
capitalismo en forma automática es profundamente equivocada. Si fuese cierta, el
tránsito del capitalismo al comunismo sería inviable porque solo a través de un
período más o menos largo es que la pequeña propiedad se puede ir reabsorbiendo
y transformando en propiedad social. Lo que sí requiere en forma
imprescindible este período de transición es el ejercicio del poder político por
parte de las masas explotadas y oprimidas.
El propio capitalismo histórico se consolidó como sistema de producción,
sólo a partir de la construcción de una máquina política de opresión, el estado,
capaz de disciplinar y regimentar a las masas oprimidas. Y no mediante el mero
crecimiento automático de la economía mercantil.
La única valla posible para contrarrestar cualquier tendencia
restauracionista del capital es la democracia directa de masas, el poder
político de la inmensa mayoría a través del gobierno de sus organizaciones
propias, se llamen soviets, comunas, coordinadoras, cordones industriales,
asambleas populares, intersociales, etc. o el nombre que le dé la historia y la
cultura de cada pueblo.
3 - 1921-1928: Consolidación de la
reacción burocrática
Se puede llegar a considerar al mes de marzo de 1921 como un verdadero punto
de viraje en el bolchevismo, donde confluyen métodos y concepciones autoritarias
en gestación y aplicación en los años previos, pero donde se produce un
verdadero salto de calidad. En ese mismo momento se deciden la represión al
soviet de Kronstad, las resoluciones autoritarias del Xº Congreso, y la
descabellada "acción de marzo" en Alemania.
La "acción de marzo" fue una insurrección abortada del proletariado alemán,
llevada adelante por el Partido Comunista Alemán en forma solitaria, cuando aún
era minoría ya que la mayoría de la clase trabajadora seguía adherida a la
socialdemocracia.
La "acción de marzo" fue consecuencia directa del ultra centralismo impuesto a
partir de las "21 condiciones" (1920) en la estructura de la IIIª Internacional.
De acuerdo a ellas el Comité Ejecutivo residente en Moscú, ejerce un poder
omnímodo a través de sus "enviados plenipotenciarios" sobre los partidos
comunistas nacionales. Uno de estos "enviados", Bela Kuhn, es el principal
responsable de la aventura putchista, sin embargo es Paul Levi (dirigente
histórico del comunismo alemán, que se opuso a la aventura), el que es
sancionado con la expulsión de las filas comunistas en el tercer Congreso de la
IIIª Internacional, y Bela Kuhn es ratificado como miembro del Ejecutivo de la
Internacional. Aunque no nos podemos extender aquí en el punto, toda la
experiencia inicial de la Internacional Comunista estuvo inficionada de las
concepciones autoritarias y sustitutistas que se habían gestado en el
bolchevismo, lo que condujo a innumerables errores y aventuras (invasión a
Polonia en 1920, acción de marzo en 1921, nueva insurrección alemana en 1923)(4)
, y preparó la transformación posterior de la Internacional en un aparato
dócil y obsecuente a la política y a los intereses "nacionales" de la burocracia
soviética estalinista.
La insubordinación del soviet de los marinos de Kronstadt, formó parte de un
movimiento huelguístico más amplio de los trabajadores de Petrogrado contra las
medidas draconianas del "comunismo de guerra". El programa reivindicativo de los
marinos incluía la legalidad de los partidos revolucionarios, la libertad de los
revolucionarios presos, y el restablecimiento del intercambio comercial. La
total negativa del gobierno bolchevique a negociar y canalizar estas demandas
completamente legítimas cavó un primer gran abismo de sangre entre el gobierno y
un sector del proletariado revolucionario. Como reseñan algunos estudiosos, la
sombra de Kronstad, a su vez, se proyectó en el Xº Congreso del partido
bolchevique, potenciando las resoluciones de prohibición de las tendencias y
fracciones y dando poderes extraordinarios al Comité Central. Issac
Deutscher comentando las resoluciones de este congreso concluye que: "Si se
permitía que los miembros del partido gobernante formaran fracciones y grupos
para defender opiniones específicas dentro del Partido, ¿cómo podría
prohibírsele a la gente fuera del Partido que formara sus propias asociaciones y
formulara sus propios programas políticos? Ninguna sociedad política puede ser
muda en nueve décimas partes y hablante en la otra décima. Después de
imponerle el silencio a la Rusia no bolchevique, el partido de Lenin tuvo que
acabar por imponérselo a sí mismo”(5) .
Estos hechos alimentan y amplifican las tendencias a la burocratización
del partido y del estado, ya en desarrollo y reconocidas por Lenín. No
debería ser considerado casual ni secundario que ya en julio de 1922 se
establezca una escala salarial, de acuerdo a la jerarquía que se ocupa en el
partido-estado, que lleva la retribución de un alto jefe a una cifra 10 veces
superior al de la última categoría. (Ver: Podchekoldin, 1991) (6) .
Se trata de la primer manifestación clara de una
estratificación social incipiente, del proceso de gestación de una nueva clase.
La enfermedad y muerte de Lenin (1923 -1924) sólo facilita el
encumbramiento del sector del bolchevismo que mejor respondía a los intereses de
la burocracia. La llamada "teoría del socialismo en un sólo país", de la
fracción estalinista, buscaba fundamentar la subordinación de los intereses del
proletariado mundial a los intereses diplomáticos-nacionales del estado
burocrático ruso. Son los intereses de esta casta burocrática, surgida de la
propia marcha de la revolución y encaramada en el poder, la que se disimula
detrás de la utopía de construir el socialismo en un solo país.
El fundamento del internacionalismo proletario es que el capitalismo es un
sistema mundial de explotación, apoyado en el dominio del mercado mundial.
Cualquier triunfo revolucionario en cualquier país debe ser considerado como
provisorio, mientras no se derrote al corazón del imperialismo representado por
las potencias capitalistas más avanzadas. La idea del socialismo en un solo
país que proponía "alcanzar y sobrepasar", en el marco de la URSS, a la economía
capitalista que dominaba el mercado mundial, no sólo era utópica sino
reaccionaria, porque el intento de ponerla en práctica sólo sería posible a
través del montaje de un estado policial que ensayara los métodos más crueles de
superexplotación, de represión y de atomización de la clase obrera
(stajanovismo). Esto es, a través de una contrarrevolución burocrática.
En definitiva: El proceso de burocratización estuvo potenciado e incentivado
por los errores de tipo autoritario, sustitutistas y estatistas que desarrollan
los bolcheviques desde el poder. No pueden explicarse sólo por condiciones
objetivas desfavorables, que naturalmente existieron. Esta burocratización
conduce a un retroceso de la revolución y a la diferenciación de una nueva clase
en gestación, desde su propio seno.
4 - 1928-1938: El triunfo de la
contrarrevolución burocrática
La aplicación de la NEP con métodos crecientemente burocráticos por parte de
la nueva dirección del partido hegemonizada por Stalin trae como consecuencia la
promoción y el poder de dos sectores sociales antagónicos: los campesinos ricos
(junto a los nuevos burgueses, "nepman") y la burocracia estatal. La clase
obrera y los trabajadores en general, son apartados progresivamente de toda
posibilidad de intervención política autónoma, proceso cuyo correlato en la
estructura del partido estuvo dada por la persecución tanto de la primera como
de la segunda "oposición de izquierda".
El operativo iniciado en 1928 por la fracción estalinista hegemónica, de
abandono de la NEP, de estatización extrema de toda la economía y de
colectivización forzosa de la propiedad agraria, debe ser caracterizado como una
verdadera contrarrevolución social mediante la cual una nueva clase en gestación,
la burocracia, termina de consolidarse como una nueva clase dominante,
liquida todos los vestigios de la democracia revolucionaria de los soviets y
edifica una nueva formación social, alejada tanto del capitalismo como del
socialismo.
Este proceso extendido aproximadamente desde 1928 hasta 1938 tiene todos
los ingredientes de una contrarrevolución típica, con millones de muertos, con
la liquidación física de toda la dirección histórica bolchevique y de miles de
militantes comunistas asesinados.
"El que más sufrió fue el partido. De sus 2,8 millones de miembros en 1934,
al menos un millón, antistalinistas y stalinistas, fueron arrestados y dos
tercios de ellos fusilados. Se destruyó su vieja dirección de la cabeza
a los pies: desaparecieron comités enteros a nivel local, regional y
republicano, 1.108 de los 1.966 delegados al XVII Congreso del partido de
1934 fueron arrestados, y la mayoría de ellos fusilados, 110 de los 139
miembros numerarios y suplentes del Comité Central de 1934 fueron ejecutados
o impulsados a suicidarse"(7) . (Stephen Cohen, 1976).
Agrega este autor: "Sobre el fondo de violencia social y militarización,
proliferaban las burocracias centralizadas encargadas de administrar la
creciente economía del Estado, vigilar la población cada vez mayor de los campos
de trabajo, controlar las actividades y movimientos de los ciudadanos
(habiéndose vuelto a introducir el pasaporte interior), y regular la vida
intelectual y cultural. También se inició la transformación de la ideología y de
la política social del Estado - partido. Una vez terminada a finales de la
década del 30, se había repudiado oficialmente el experimentalismo
revolucionario, la legislación progresista y la igualdad en la educación, la
ley, la vida familiar, los ingresos y la conducta social general de 1917-29. Se
sustituyeron por normas tradicionales, autoritarias, que presagiaban el
resultado paradójico de la revolución de Stalin: la creación de una sociedad
rígidamente conservadora, sumamente estratificada". Hay que puntualizar:
resultado paradójico si se considera al viraje de Stalin como una "revolución
desde arriba" como hace este autor.
Debería estar claro que esta salvaje represión y toda esta política
crudamente reaccionaria no pueden obedecer solamente a la mera
personalidad demencial de Stalin. En todo caso la personalidad de Stalin se
reveló como la más adecuada para defender y consolidar los intereses de la nueva
clase. Pero fueron los intereses de este nuevo sector social en ascenso
los que dictaron la política estalinista. Fue la política obligada para
instaurar un nuevo régimen de explotación social distinto al capitalismo,
esto es, no basado en la propiedad privada de los medios de producción
sino en el usufructo de la propiedad estatizada por parte de la nueva clase que
detentaba el poder del estado. Nueva clase que, desde sus capas
inferiores hasta sus sectores encumbrados, abarcaba a varios millones de
personas. Trotsky en 1936 la calculaba en un 6 a 10% de la totalidad de la
población. La "construcción del socialismo" en esta etapa no fue más que la
construcción de este inmenso aparato totalitario que garantizó la
superexplotación de la fuerza de trabajo en beneficio de la nueva clase
privilegiada.
De las memorias de connotados estalinistas exiliados en la URSS, luego de su
participación en la guerra civil española(8), se pueden extraer datos del grado
y de la extensión de la diferenciación social entre los trabajadores y la
burocracia. Jesús Hernández, por ejemplo indica que en 1939 - 1940 el salario
de los trabajadores de la última categoría (la inmensa mayoría) rondaba en los
250 rublos mensuales mientras que el salario de los altos estratos de la
burocracia se extendían entre los 10.000 y los 15.000 rublos. Esto
representa holgadamente 50 veces más que los salarios de abajo. Para
hacernos una idea de lo que representa esto traduzcámoslo a cifras de ingresos
correspondientes a un hipotético proceso de "construcción socialista" de este
tipo para Uruguay. Si ubicáramos en 10.000 pesos el salario obrero tendríamos
sueldos de 500.000 pesos para los altos jerarcas. Es evidente que esta
diferenciación de ingresos condiciona y lleva a modos de vida y de conciencia
completamente distintos. Máxime si le agregamos extendidos privilegios en cuanto
a vivienda, servicios de salud y de descanso, etc. Pero todavía nos falta añadir
lo esencial, el privilegio especial de pertenecer a los que mandan, con una
extensa tropa de subordinados que, en ausencia de organismos democráticos de
deliberación y decisión, están obligados a obedecer sin chistar, posibilitando
abusos de todo tipo y diversas y variadas formas de corrupción.
Con todo, esta nueva clase social explotadora, en comparación con la
burguesía, es infinitamente más débil. Está obligada a ocultar la explotación
social que ejerce detrás de una mistificación ideológica que no admite fisuras.
De allí el carácter totalitario, cerradamente reaccionario, del régimen político
estalinista: la persecución sistemática de los disidentes, la ausencia de todo
derecho de organización social y política independiente para los trabajadores,
la transformación de los sindicatos oficiales en meras oficinas gubernamentales,
etc.
La permanencia y sistematicidad de la propaganda, la diatriba y la
persecución contra el "trotskismo", durante décadas (cuando el trotskismo no
existía como fuerza política organizada en la URSS), no hacen más que revelar la
necesidad de la nueva clase opresora de borrar la memoria histórica de las
conquistas políticas revolucionarias de la democracia de los soviets. En
definitiva, de liquidar cualquier crítica u oposición que pudiese crear el
peligro de retomar la tradición de la revolución de octubre.
Ahora bien, esta contrarrevolución burocrática se realizó no sólo contra
los obreros y campesinos sino contra los campesinos ricos y nuevos burgueses
(nepman) beneficiarios de la NEP. Tuvo pues un claro carácter anticapitalista,
en el sentido más inmediato y estrecho del término. En realidad, se produjo
una reedición de la orientación estatista del "comunismo de guerra", elevada
hasta el paroxismo. Para la nueva clase burocrática se trataba de asegurar
definitivamente su poder político y social, barriendo y aplastando al otro
candidato que, potencialmente, podía disputarle el poder, representado por esa
nueva burguesía.
No debió deducirse de la constatación de este hecho innegable, sin embargo,
el carácter progresivo (y mucho menos "socialista") de la estatización extrema
de la economía y de la colectivización forzosa de toda la propiedad agraria. Se
combatía a la burguesía desde el punto de vista de los intereses de una nueva
clase explotadora, contra los intereses de clase de millones de pequeños
productores y de obreros a los que se privó de los más elementales derechos
políticos, de organización y de expresión, y a los que se sometió a ritmos
inhumanos de trabajo y de superexplotación social.
La lucha de clases en la URSS estalinista no se verificaba fundamentalmente
entre burguesía y proletariado, sino entre burocracia en ascenso y proletarios y
campesinos pobres (mayoría de la población). Para consolidar sus privilegios
sociales la burocracia necesitaba instaurar un régimen despótico contra la
mayoría trabajadora de la población. Este era el sentido y el contenido
fundamental del viraje izquierdista de Stalin.
La caracterización de estado obrero, aunque burocratizado y degenerado,
que Trotsky mantuvo hasta su asesinato (1940), respecto a la URSS, oscurecía
este aspecto esencial y minusvaloraba el alcance y el sentido profundo de la
contrarrevolución burocrática en marcha. En el esquema teórico de Trotsky no
había lugar para un estado que no fuera ni obrero ni burgués(9) . Pero
precisamente, la derrota de la revolución obrera a manos de una
contrarrevolución burocrática, planteaba la construcción de una tercera
alternativa: un estado burocrático, instrumento de opresión de la nueva clase
explotadora. Por eso hemos dicho en otros trabajos que, dentro de la
oposición de izquierda, nos parece mucho más adecuada la idea de Rakosky,
expresada ya en 1928, que consideraba a la URSS como un "estado burocrático, con
reminiscencias proletarias comunistas"(10) . Estas reminiscencias son las que se
vieron definitivamente liquidadas a partir del viraje comenzado en ese año.
Finalmente, y aunque aquí no nos podamos extender sobre el punto, la
orientación claramente reaccionaria del estalinismo en España, de ahogo y
estrangulamiento de la revolución española, donde no faltaron la persecución,
tortura y asesinato de cientos de militantes revolucionarios, encuentra su
explicación de fondo en los intereses diplomáticos de la burocracia estalinista,
de alianza y subordinación a la Francia y a la Inglaterra imperialista, como lo
han señalado tantos historiadores(10 bis) . En definitiva, en la defensa de los
intereses de clase de la burocracia también en este terreno.
5 - Actualidad del debate sobre la
naturaleza de la contrarrevolución burocrática
El derrumbe de la URSS y de los estados burocráticos de Europa del Este
replantea todas las cuestiones teóricas respecto a los problemas de la
revolución, el socialismo y el comunismo.
No se trata de una discusión histórica o académica sobre el pasado, sino
sobre el futuro de la revolución. Una comprensión correcta del significado
profundo del estalinismo, como expresión real de la lucha de clases, como
expresión política de la contrarrevolución social de una nueva clase promovida
al poder, resulta esencial para el rearme teórico-político de la izquierda
La contrarrevolución burocrática fue presentada por vastos sectores de la
izquierda como un paso adelante en la construcción del socialismo, como
una "profundización" de la revolución en la medida que tuvo un innegable
carácter anticapitalista. Todos los partidos comunistas que integraban el
aparato internacional de la Komintern (Internacional Comunista), defendieron
esta versión.
Pero también el grueso de la oposición de izquierda de bolcheviques
leninistas, como se calificaban a sí mismos, y que estaba en prisión en 1928,
cometió un error en el mismo sentido. Consideró que Stalin, con métodos
reprobables, se estaba orientando hacia la izquierda. En consecuencia, adoptó
una posición de apoyo crítico hacia el viraje estalinista, y aceptó reinsertarse
en el aparato gubernamental para colaborar desde allí. Trostky mismo caracterizó
al ala de Stalin como "centrista" y vió a la llamada "oposición de derecha"
encabezada por Bujarin y defensora de la continuidad de la NEP, como al enemigo
fundamental. (ver Alexei Gousev, 1998 )(11) .
Aún autores posteriores como Stephen Cohen, que defienden la posición de
Bujarin, caracterizan, como ya hemos indicado, a la contrarrevolución
estaliniana como una revolución. Creo que el equívoco es inevitable si no
se concibe a la burocracia como una nueva clase social en formación, con
intereses materiales y sociales específicos, propios, asentada en el retroceso y
derrota de la revolución de octubre. Como todas las clases dominantes de la
historia, la burocracia se apropia de una porción del excedente, del plustrabajo
social. Pero esta apropiación la realiza no con los métodos del capitalismo
(propiedad privada de los medios de producción, compra-venta de la mercancía
fuerza de trabajo) sino a través del dominio del aparato estatal que siempre es,
deberíamos recordarlo, el instrumento de opresión de una clase sobre otra.
Nuevamente aquí una visión reduccionista, esquemática, de la relación entre
base y superestructura puede jugarnos una mala pasada. La burocracia como
capa diferenciada se va constituyendo como clase a partir de su dominio político
en el nivel de la superestructura estatal. Esta característica
superestructural se transforma en esencial para la conformación de una nueva
estructura económica, esto es, nuevas relaciones de producción donde una
clase trabaja y otra dirige, gestiona, manda, utilizando su privilegio político
para instaurar un nuevo tipo de privilegio social.
Bien mirado, no se trata de un fenómeno nuevo. Desde la aparición de las
primeras sociedades clasistas (las ciudades-estado sumerias) y durante la mayor
parte de la historia, las clases dominantes se gestaron en la "superestructura",
por eso estuvieron representadas principalmente por militares, sacerdotes y
burócratas. Esto es, sectores que ejerciendo el dominio de un aparato estatal de
poder, impusieron un determinado tipo de explotación y de subordinación
social. La explotación social en estas sociedades precapitalistas no se
basaba en la propiedad privada de los medios de producción. El
capitalismo es la primera formación social donde los mercaderes desplazaron a
los militares, sacerdotes y burócratas como típicos exponentes del dominio
social, dando lugar a la formación de una nueva clase explotadora moderna:
la burguesía.
Creo que aquí reside la causa de la limitación de Trotsky en la
caracterización de la URSS. Al concebirla con una base económica socialista pero
con una superestructura política burocrática, el viejo revolucionario no pudo
llegar a la conclusión que inevitablemente el dominio burocrático estatal
conllevaba una nueva forma de explotación social. Es como si la estatización
de la economía no tuviese apellido y fuese siempre, por definición, sinónimo de
socialismo. La estatización burocrática no tiene nada que ver con el
socialismo o con la transición al socialismo. Lo que ha quedado demostrado
es que la estatización burocrática perfectamente puede ser un régimen de
transición... hacia el capitalismo. La estatización total de la economía
emprendida por Stalin en 1928, liquidando todos los vestigios de las conquistas
revolucionarias del octubre ruso, fue una contrarrevolución burocrática. El
instrumento de consolidación del poder social de una nueva clase explotadora.
Debo hacer constar que cuando hablo de conquistas revolucionarias me refiero
a las conquistas democráticas revolucionarias del ejercicio del poder por los
soviets y no a la estatización de la economía que, en manos de una casta
burocrática, puede devenir reaccionaria.
Los autores que han caracterizado a la URSS como capitalismo de estado
(Bethelheim, Tony Cliff, etc) (12) sufren de la misma renguera que Trotsky, pero
con la pierna opuesta. Al observar el abismo social y material que separaba a un
alto burócrata del obrero raso, reconocen que existía explotación social. Pero
como no pueden concebir que haya explotación social burocrática (no
capitalista), concluyen que aquello fue una forma particular de capitalismo. Con
ello muestran una comprensión imperfecta de lo que es realmente el
capitalismo que exige, para que exista, la pluralidad de capitales, es decir, la
concurrencia capitalista basada en la propiedad privada de los medios de
producción.
Una variante atenuada de esta incomprensión es la de autores como Romero
(ver: Andrés Romero, Después del estalinismo, Ed. Antídoto, Bs. As.,
1995)(13) que consideran que al haber salario en la URSS hay venta de la fuerza
de trabajo del obrero a un comprador único representado por el estado. La
confusión en mi opinión se deriva del doble uso de la palabra salario
(polisemia). El salario bajo el capitalismo es el capital variable, la
porción de capital que el burgués invierte en la compra de la mercancía fuerza
de trabajo. En la URSS estalinista el "salario" tanto del obrero como del
burócrata (el de 250 rublos como el de 15.000) es la retribución
institucionalmente establecida por el estado por el "trabajo" de cada uno, de
acuerdo a escalas de categorías definidas políticamente. En la URSS no había
extracción de plusvalía sino apropiación de plustrabajo del obrero-productor por
parte de la clase burocrática (como sucediera en tantas formaciones sociales
precapitalistas a lo largo de la historia). Por eso no se puede hablar de la
permanencia del régimen de trabajo asalariado (capitalismo, según Marx) en la
URSS, so pena de acrecentar la confusión.
Por último, y aún a riesgo de cansar al sufrido lector, quiero mencionar a
otros dos autores que han tenido cierta repercusión recientemente. Se trata del
francés Lucien Sève(14) y del húngaro Mészáros(15) . Creo que por una
asimilación teórica deficiente del fenómeno histórico de la URSS, estos autores
diluyen su especificidad concreta asimilándola, por otras vías, al capitalismo.
El húngaro incluye a los estados del "socialismo real" dentro de lo que él
llama el "orden del capital" que tendría una forma específicamente capitalista y
otra forma estatal (URSS). La base teórica de su posición es el abandono de la
idea del capitalismo como modo de producción y su subsunción en una categoría
más amplia de modo de control social o metabolismo social del capital. El
problema en el caso de la URSS para Meszaros es que no se habría logrado ir "mas
allá del capital", el "orden del capital" habría permanecido.
Como hemos visto, sin embargo, el "orden" bajo el estado burocrático era
marcadamente diferente al que sufrimos bajo el capitalismo. En éste la
desocupación estructural ("ejército industrial de reserva") cumple un papel
esencial de disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Por algo los
burócratas restauracionistas que acompañaban a Yeltsin clamaban por introducir
la desocupación como factor fundamental de disciplinamiento para aumentar la
productividad. El "orden" bajo el estado burocrático es de tipo policial
represivo y se consigue fundamentalmente por la ausencia de libertad de
organización sindical y política independiente para los trabajadores.
Por otra parte, luego de la experiencia de Stalin a partir de 1928, que
estamos discutiendo, ¿qué significa ir más allá del capital? ¿Más todavía?,
podría preguntarse alguien alarmado. Con la terminología usada por Mészáros
habría que decir que bajo Stalin se fue demasiado más allá del capital en el
sentido de la estatización extrema y demasiado más acá en el terreno de las
instituciones políticas, recreando formas de dominio característico de
sociedades precapitalistas
En mi opinión, al no reconocerse el carácter específico de la explotación
social en los estados burocráticos, el carácter de clase del nuevo sector
dominante, y los mecanismos concretos de la contrarrevolución burocrática,
Mészáros tiende a hipostasiar unilateralmente la función de los mecanismos
ideológicos e institucionales de opresión desligándolos de su necesario anclaje
material y social, de clase. En definitiva, no hay un "modo de coerción social"
u "orden del capital" que se extiende en el tiempo y en el espacio cabalgando
por formaciones sociales disímiles sino modos de producción social específicos,
que se sostienen mediante determinados y específicos andamiajes estatales,
políticos, institucionales e ideológicos. El peligro de la visión de Mészáros es
que puede abonar estrategias políticas ultraizquierdistas de rechazo a cualquier
lucha política en el área institucional, parlamentaria o aún sindical.
Por su parte, el francés Séve asimila el capitalismo y el "socialismo real" a
otra categoría más amplia, productivista o industrialista, dos caras de la misma
moneda o imagen especular de lo mismo. El socialismo no sería un período de
transición del capitalismo hacia el comunismo, caracterizado por la conquista
del poder polìtico por la clase obrera y los explotados, sino el "otro" del
capitalismo. Para Séve lo que fracasó en el siglo XX es directamente el
socialismo, ratificando con esto la homologación de socialismo con el
"socialismo real", en la más pura tradición estalinista.
La conclusión que saca es que hay que desechar la revolución y el objetivo de
la conquista del poder y apostar a la transformación social hacia el comunismo,
por la vía de la reforma y el desarrollo del propio capitalismo. Un boleto de
ida, teóricamente sofisticado, hacia la socialdemocracia, que encuentra su raíz
en la incapacidad de realizar un análisis crítico del mal llamado socialismo
real, como fenómeno histórico específico, producto de la derrota de una
revolución obrera por una contrarrevolución burocrática.
Este breve repaso de algunos pocos autores tan disímiles lo hago sólo para
resaltar la importancia y la actualidad de la discusión sobre la experiencia del
socialismo real. Insisto, no estamos discutiendo sobre el pasado sino sobre el
porvenir, sobre el terreno y el camino para reorientar la labor revolucionaria
contra el capitalismo, por la revolución social, por el socialismo, el comunismo
y la libertad.
6 - Algunas conclusiones políticas.
El análisis y la crítica del mal llamado "socialismo real", y de la
contrarrevolución burocrática que lo consolidó, lejos de cuestionar al marxismo
lo reafirman y lo actualizan en cuestiones fundamentales.
a) Todo proceso revolucionario se enfrenta no sólo a la reacción
capitalista sino al peligro de reacción burocrática en su seno. La
revolución de octubre fue derrotada internamente por una contrarrevolución
burocrática que terminó abriendo el camino a la restauración capitalista. Sin
democracia obrera y de masas no hay "socialismo", ni "transición al
socialismo", sino transición hacia el capitalismo.
b) La lucha contra el capital es internacional. Ha quedado demostrado que la
idea de la "construcción del socialismo en un solo país" es una utopía
reaccionaria que encubre los intereses de la burocracia para asegurarse un nuevo
régimen de privilegios sociales y políticos.
c) Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista es necesario un
período político de transición caracterizado por el poder político de las
organizaciones obreras y las organizaciones de masas de todas las capas
oprimidas, en el transcurso del cual se irá operando todo el proceso de
transformación social y la "sociedad irá reabsorbiendo todo el capital"
(Manifiesto Comunista). A este período político de transición Marx y Engels le
llamaban "socialismo" o "fase inferior del comunismo".
d) Para iniciar este período de transformación social revolucionaria el
estado burgués debe ser suplantado por el poder de las organizaciones de los
explotados. En esto consiste la conquista del poder político que para
Marx era "la conquista de la democracia". Este poder popular es un estado -
no estado. Se diferencia de todos los estados anteriores en que representa a la
mayoría del pueblo organizado que se autogobierna. Sus características
fundamentales son: elegibilidad y revocabilidad de todos los
representantes y mandatos en todo momento, abolición de todos los
privilegios de función estableciendo para todos los funcionarios electos
una retribución similar a la de un obrero, suplantación del
ejército permanente por el pueblo en armas, y plena e irrestricta
libertad de organización política y social.
Notas:
1 - Rosa Luxemburgo , "La revolución rusa, un análisis crítico", Edit.
Grijalvo, México, 1980.
2 - Víctor Serge, "Memorias de un revolucionario", Ed. El Caballito, México,
1974.
3 - León Totsky, "Terrorismo y comunismo", Ed. Júcar, Madrid, 1977. La misma
opinión la encontramos en Nicolai Bujarín, "Teoría económica del período de
transición", escrita en el mismo año 1920, Ed. Pasado y Presente, Buenos Aires,
1974.
4 - Ver, Pierre Broué, "Histoire de l`Internationale Communiste, 1919 - 1943",
Fayard, París, 1997.
5 - Isaac Deutscher, "Trotsky, el profeta desarmado", ERA, México 1959.
6 - Podchekoldin, "Los orígenes de la burocratización en la URSS", 1991,
reproducido en la revista argentina "En defensa del marxismo", Nº 1, Buenos
Aires, 1991.
7 - Stephen Cohen, "Bujarín y la revolución bolchevique", Siglo XXI, Madrid,
1976.
8 - Jesús Hernández, "Yo fui ministro de Stalin", Ed. América, 1953, México.
Valentín González "El campesino", "Vida y muerte en la URSS", Ed. Bel,
Buenos Aires, 1951.
Del mismo autor también, "Comunista en España y antiestalinista en la
URSS", Ed. Guarania, México, 1952.
Ettore Vanni, "Yo, comunista en Rusia", Ediciones Destino, Barcelona, 1950.
Enrique Castro Delgado, "La vida secreta de la Komintern", EPESA, Madrid,
1950.
9 - León Trotsky, "La revolución traicionada", "En defensa del marxismo", "¿Un
estado ni obrero ni burgués?", etc, diversas ediciones.
10 - Christian Rakovsky, "Los peligros profesionales del poder", en "Sobre la
burocracia", Akal, Madrid, 1978.
10 bis - Entre otros, Hugh Thomas, Burnett Bolloten, Pierre Broué, Víctor Alba,
Gabriel Jackson, etc
11 - Alexei Gousev, "La clase imprevista", Rev. Herramienta Nº 7, Buenos Aires,
1998.
12 - Charles Bettelheim, "Las luchas de clases en la URSS", Siglo XXI, México,
1978.
Tony Cliff, "El capitalismo de estado en la URSS" (1948), Edición
provisional, SWP, Londres, 1993.
13 - Aldo Andrés Romero, "Después del stalinismo", Ed. Antídoto, Buenos Aires,
1995.
14 - Lucien Sève, "La cuestión del comunismo", Ed. Casa B. Brecht, Montevideo,
1996.
15 - Itsván Mészáros, "Mas allá del capital", cap. 2, Rev. Herramienta Nºs. 5 y
6, Buenos Aires 1997 y cap. 18, R. Praxis, Belo Horizonte, 1998.